martes, 29 de marzo de 2016

El rulo Báltico

Soy un firme convencido de que las casualidades no existen: todo en esta vida tiene una razón de ser, una causa, un nosequé... a veces evidente, otras no tanto. 

Premisa 1: El mar Báltico es uno de los mares con un índice de salinidad más bajo que hay por el mundo.
Premisa 2: No es el Ártico, pero podemos decir sin miedo a exagerar que, más que fresquito, es un mar frío.

Suposición: los letones, los estonios y, muy especialmente, los finlandeses, ¿cómo serán? ¿ardientes y salaos?¿o más bien sosetes y flemáticos?

Este nuevo artículo de la subserie "Panolys por el mundo" será una breve entrada sobre unos días en tres de los países con costa al Báltico: Letonia, Estonia y Finlandia. Por motivos x, que ni vienen al caso ni aportan nada al suspense del capítulo, me muevo por allí con cierta frecuencia, pero hace unas semanas mi visita contuvo suficientes elementos WTF como para dedicarle unas líneas.

Albert Einstein pasó por Riga (bueno, en realidad no, 1er WTF)


Pensamientos de don Alberto. Disculpen Vds la calidad
ínfima de la foto, venía jarto de avión, cargado
de trastos, la puerta se volvía a cerrar...
En esta ocasión el viaje comenzó en Riga con un vuelo muy conveniente en lo profesional, pero bastante incómodo en lo personal, ya que llegas a Riga pasada la medianoche. Afortunadamente Riga no es enorme, el aeropuerto es pequeño y en nada llegué al hotel, del que solo sabía que se llama Albert y está bastante céntrico. Cerca de la 0100 (a las 0039, para ser exacto. Google es la leshe) me registré en el hotel y me dieron la clave de la wifi: Emc2. Ein? El hotel se llama Albert, la clave de la wifi es Emc2... aquí hay gato encerrado... a ver si el tal Albert no va a ser un rey letón... Una vez en el ascensor las dudas se disipan, don Alberto Einstein debe tener algo que ver con todo esto, ya que nos entretienen el ascenso con una serie de citas suyas famosas. Me imaginé que Einstein habría pasado por Riga en alguno de sus viajes, que ae habría alojado allí... no sé, algo, pero parece que el motivo para darle a este hotel el nombre de Albert es que Einstien tuvo un amigo letón con el que se carteaba. Y poco o nada más.

Pizza Lulu. Esta semana va a ser muy larga...
De esta parte del viaje y de Riga en general poco tengo que decir, fue fugaz ya que bien temprano me pasaron a recoger y comenzamos el periplo. Sólo me gustaría mencionar que, aunque era realmente difícil, las pizzas a domicilio en Letonia (Pizza Lulu) son sustancialmente peores que las de Lituania (Cili Pizza). En realidad seguramente es que me pillaron con menos hambre y son igual de horrorosas... (Nota, no sé qué es lo que hay escrito en el interior de la caja, supongo que la firma de Ferrán Adriá no será).

Anaqueles sabiamente ordenados en el DEPO
Salí disparado de Letonia a primera hora de la tarde, aunque ya estaba oscureciendo. La noche me tocaba pasarla en un hotel del que hablaremos ahora largo y tendido, justo tras pasar la frontera con Estonia. El trayecto lo hice con un compañero de trabajo estonio que, justo antes de cruzar la frontera, paró en un DEPO (cadena letona de comercios tipo LM o BAUHAUS, de bricolaje y tal, vamos) a comprar... cerveza. Si, es que es curioso lo del DEPO este, aparte del bricolaje original tienen cosas de lo más variopinto. Reconozco que de haber tenido tiempo y transporte fácil me habría traído un buen cargamento de trastos, de esos que acaban en un rincón del garaje para nunca más ser usados, pero que el día que los compras crees que te van a solucionar la vida.






Baden Baden


La entrada al pubi
Os hablaba antes del hotel en el que pasé esa noche. Por facilitar la logística de ese día y del siguiente (sábado) me quedé en un hotel cercano a la casa de mi compañero estonio, en un punto del sur del pais llamado Otepää, condado de Valga, en concreto en el Pühajärve Spa & Puhkekeskus. ¡Toma ya! Tal sitio resultó ser lo que prometía: un balneario soviético algo modernizado tanto en el trato como en el aspecto. Aunque los lugareños decían que había poca nieve para la época del año, para un mesetario sureño era un horror intentar andar por aquellos caminos nevados de noche y sin el calzado adecuado así que me resigné a pasar el rato en el hotel antes, durante y después de la cena. Hablando de cena, la mushasha de recepción me indicó que podía elegir entre el "restoran" y el "pubi" ¿El Pubi? A ver si el lugar finalmente no va a ser tan insufriblemente aburrido como pensaba...

La orquesta cabrikeskus dentro del pubi.
No caería esa breva. El pubi resultó ser un bar cutre con orquesta de la cabra tocando pasodobles estonios y jubilados bálticos en general bailando, pero era lo que había así que me senté y cené lo mejor que pude. Al menos había WiFi, así que me puse a leer la prensa mientras cenaba. Al cabo de un rato me percaté de que una octogenaria finlandesa (creo) sentada enfrente me estaba haciendo ojitos. O era eso o le estaba dando un ictus... Llamé al camarero de inmediato. Fuera lo que fuera lo que le pasaba a la señora, me vendría bien otra cerveza.

La situación se resolvió con bien para todos (debía ser un insecto o algo). He de reconcer que a la mañana siguiente me dieron un masaje de cuello de lo más agradable en los sótanos del spa mientras esperaba que me recogieran. Como os decía, los lugareños hablaban de ausencia de nieve, tanto que habían tenido que cancelar una prueba de esquí de fondo en las cercanías, pero para mi aquello era Siberia. No por el frío, que no hacía, sino por la cantidad de nieve tanto en campo como en carreteras. Alucinante lo que pueden hacer unos buenos neumáticos de nieve y la habilidad de esta gente con el volante. Claro, con tanta nieve tienen que buscar formas creativas de usarla y pasar el rato, por ejemplo ¡Hagamos una competición internacional de patinetes sobre nieve!

Uno de los motivos por lo que estaba en los Bálticos era asistir a una reunión de empleados de una compañía que opera en las tres repúblicas (Estonia, Letonia y Lituania) que se iba a mantener en un pueblín del sur de Estonia llamado Holstre. La cosa no comenzaba bien: rodeado de nieve, la hora de comer y todo lo que nos dan es una indescriptible sopa de pepinillos con trocitos de salchicha y una especie de mayonesa para echar dentro. Todo muy porno, para ser sábado por la mañana. La cosa tenía una pinta manifiestamente mejorable..

Ese pedazo de sopa de pepinillos con salchichas
No dejan de sorprenderme las peculiaridades del ser humano, sea de donde sea. En España nos pensamos que somos raritos y diferentes y tal, pero aquí tienes tres países que, entre los tres, suman los mismos habitantes que la Comunidad de Madrid y una superficie parecida a dos Andalucías. En cada uno se haba un idioma diferente y no relacionado, de modo que no se entienden entre ellos más que en ruso (si son mayores de unos 40 años) o inglés (si son más jóvenes). En esta reunión, cada grupo hablaba en su idioma y el ponente lo hacía en ruso con ocasionales incursiones en inglés para los más jóvenes. No os podéis imaginar lo que mosquea escuchar un discurso de 15 minutos en ruso (¡en riussso!) en el que lo único que entiendes es tu nombre de tanto en vez. No podía evitar pensar que en cualquier momento iba a aparecer el propio Stalin (recuerden ese nombre) al frente de la KGB para trincarme, así que me puse cerca de la puerta por si tenía que salir corriendo... claro, que sin patinete-esquí no iba a poder ir muy lejos.

Eso es una carretera. No está mal de nieve, creo yo.
El siguiente destino era ya un lugar conocido y reconocible: Tallin, pero para llegar allí desde Holstre tenía que coger el autobús en Viljandi

Don José y Don Adolfo
Llegué con algo de tiempo a la terminal de autobuses de Viljandi, que tampoco es que sea NY así que entré a buscar una cafetería. Para mi sorpresa lo que había dentro era una especie de mercadillo (obvio, fuera no podía estar con la que estaba cayendo) así que me puse a echar un vistazo a lo que vendían. Una señora tenía un puestecillo con los típicos desechos de tienta del ejército soviético con algún añadido curioso de objetos supuestamente originales de la Wehrmacht, alguno podría haber sido interesante como recuerdo, pero no sé yo si muy legal. Cuando ya me iba, me di cuen de que en un lateral, en el suelo, había un cuadro con una imagen familiar: ese mostacho, esas botas... ¡no puede ser!¡No puede estar intentando vender ESE cuadro! Miré a un lado, miré al otro, la señora parecía sestear en el otro lado del puesto, así que saqué el teléfono para dejar constancia. La señora, que estaba de bastante buen año, tenía sin embargo un rabillo del ojo portentoso y una agilidad desmedida, por lo que antes de lo que se persigna un cura loco la tenía delante, yo suponía que para decirme que "fotos no" en un perfecto estonio. Pero ¡qué va! de detrás de la quincalla sacó otro cuadro que tenía oculto y que, digamos, hacía buena pareja con el primero. Sus prometo que me los puso juntos para que les hiciera una foto, foto que tengo pero que me parecía demasiado malvada para poner aquí. La mujer me intentó contar algo en estonio y en riuso, pero hasta ahí, de momento, no han llegado mis saberes, así que igual es que los conoció a ambos, vaya Vd. a saber... edad para ello tenía.

¡Esa moto VOLVO!
En fin, que me bajé a coger el autobús y en un par de horitas, que se pasaron bien rápido gracias a una WiFi más que decente a bordo, estaba en Tallin. Las 24 horas siguientes se supone que iban a ser más entretenidas, antes de cruzar el charco hacia Helsinki el domingo por la noche, pero eso os lo cuento en otro rato. De momento, para abrir boca, la capital de un pais que pone esta foto en su folleto de presentación tiene que ser un sitio entretenido ¿no?

sábado, 26 de diciembre de 2015

La Rochela: Bocanegra y Pembroke

Se ha estrenado en estos días la última de 007, lo que es una excusa tan buena como otra cualquiera para traerle a las líneas del blog. No es la primera vez que en esta bitácora se menciona al capitán de fragata Bond, James Bond, de la Royal Navy y, muy probablemente, no será la última. No es que yo sea un friki de las pelis de James Bond, pero las he visto todas aunque, en realidad, no por propia voluntad. En los ya muy lejanos primeros 80, cuando el mundo del videoclús estaba aún en mantillas, mi padre compró un peaso de video VHS de los que entonces se denominaban "portátiles", con la sana intención de adquirir algún día una cámara y cargar por los mundos de Dios con aquel mamotreto. Afortunadamente tal cosa nunca ocurrió y el Panasonic PV5000, con su separable PV-A500 no salieron nunca de casa. Como decía, por aquel entonces aún no había una invasión de videoclubes y menos aún en mi barrio, lo que propició que nos hiciéramos orgullosos socios del videoclús de El Corte Inglés. En poco más de un año, no entraremos en los motivos, me tuve que ver prácticamente entera la sección de V.O., de la que las pelis menos aburridas para mi en aquel momento resultaron ser... las de James Bond. Ya puestos y de rondón, de vez en cuando colé alguna en versión doblada, al menos alguna de las estrellas del sector entonces, entre las que recuerdo Acorralado y, sobre todo, Das Boot.

Puedo reconocer sin demasiada vergüenza que entonces Das Boot me pareció un adoquín de marca mayor, pero no es por su calidad cinematográfica (que hoy no le discuto en absoluto) por lo que aparece aquí, sino por la historia que cuenta o, más bien, por un cierto detalle de la historia que cuenta...

La Rochelle, 1941


«U-boot by Ferrer-Dalmau» de Augusto Ferrer-Dalmau.
Vuelve nuestro pintor de cabecera. De la wiki.
Poco después del inicio de la segunda guerra mundial, sobre todo tras la expansión alemana a Noruega y Francia, la Kriegsmarine tenía muy controlado el Atlántico Norte y se dedicaba a hundir mercantes británicos como si no costara. De hecho, les costaba bien poco, gracias a su superioridad submarina. A partir de 1941 las cosas fueron cambiando un poco y los U-boot empezaron a tener las cosas sustancialmente más shungas. La peli Das Boot se basa libérrimamente en las fazañas del U-96, submarino de la clase VII-C que, en la vida real, hundió nada menos que 27 barcos aliados, la mayoría entre 1940 y 1941. La ficción de Das Boot comienza y termina en tierra, en concreto en una de las principales bases atlánticas de la flota submarina nazi, que estos mushashos habían situado junto a la ciudad francesa de La Rochelle. Desde esta base, al igual que desde las de Lorient, Brest y otras en Francia, los U-boot salían "de patrulla", solos o en manada (Rudel en alemán, de donde deriva la expresión con la que se conocía esta táctica en inglés: wolfpack) a cazar convoyes de cargueros con la aviesa intención de estrangular a Inglaterra. Estuvieron a punto de conseguirlo, por cierto.

Los alemanes utilizaron algunos puertos de mediano tamaño para construir unas instalaciones blindadas del carajo la vela que protegieran a los U-boot cada vez que iban a repostar y ser reparados. Estas instalaciones no solo cumplieron su misión durante la guerra, sino que la sobrevivieron y aún existen. No he visitado ninguna, pero deben ser dignas de un paseo...

Como digo, el ficticio U-96 tenía su base en el puerto de la Pallice, prácticamente integrado en la ciudad de la Rochelle, ciudad apreciada por su puerto natural desde hace muuuuuuuuuchos años.

El carajal de los 116 años


La Guerra de los cien años ya había sido mencionada en profundosoconfusos (aquí) pero, claro, un conflicto tan, tan largo da para muchas idas y venidas, así que hoy lo vamos a visitar de nuevo.

La guerra de los cien años fue un carajal del siete, no solo largo, sino sinuoso y harto difícil de comprender. Además, no se trató de un conflicto único, sino de uno lleno de ramificaciones y localismos. Por ejemplo, se puede decir que Castilla entró en la guerra como primera derivada de la propia guerra civil que se vivió aquí a mediados del siglo XIV entre partidarios de Pedro I y de Enrique de Trastámara. En dicha guerra ya intervinieron, de una u otra forma, tropas francesas e inglesas, apoyando a Enrique y a Pedro, respectivamente y fue precisamente un (1) francés, un tal Beltrán Duguesclín, el que, en 1369 y en un giro de guión de los que salvan una película, decidió el resultado final de la guerra mientras dejaba una de esas frases para la historia: 
"Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor"
Bueno, él podría decir lo que quisiera, que para eso era francés, pero claro que puso rey. En concreto "facilitó" que Enrique pasara a cuchillo a Pedro (y luego lo decapitara, y paseara su cabeza por las plazas pedristas, y exhibiera su cadáver... todo muy edificante y tal). Desolé...

Francia tras Brétigny. De la wiki. Obsérvense las islas del
Canal (Jersey y Guernsey) que hoy siguen siendo inglesas.
Bueno, en realidad de la Corona Británica, que no es lo mismo.
En fin (pronúnciese "anfan"), que ya teníamos a Enrique II como rey de Castilla, en deuda con Francia y dispuesto a meterse de hoz y coz en el conflicto que la enfrentaba con Inglaterra que, curiosamente, había apoyado a su rival en Castilla. Hay que recordar que, aunque los castellanos somos tachados de poco menos que rudos mesetarios destripaterrones de secano por nuestros bienamados paisanos de la costa, Castilla era ya, allá por el siglo XIV, un inmenso reino con vistas a tres mares y flotas en todos ellos. Si, ya, yo tampoco sé qué le veían/veíamos/ven/vemos a ese mogollón de agua salada, pero hay que reconocer que al final no nos fue demasiado mal lo de tener cierto control sobre la mar océana, incluso a eso le encontramos alguna utilidad...

En ese momento la guerra de los 100 años estaba en un largo periodo de descanso. De hecho, de no ser por el asunto del tal Beltrán, igual se había quedado en "guerra de los 23 años (1337-1360)" finalizada en el Tratado de Brétigny, peeeeeero la victoria de Enrique II en Castilla hizo que su apoyo a Francia fuera casi obligado. Carlos V (de Francia, nada que ver con nuestro IyV), como buen francés, tardó nada y menos en romper el tratado firmado en 1360 en cuanto Castilla se puso de su lado y él se sintió con fuerzas suficientes para derrotar a Inglaterra, cuya armada era la indiscutible dominadora de los mares en ese conflicto. De repente, Francia tenía un aliado que podía enfrentanse de tú a tú a Inglaterra también en el mar. El tratado de Brétigny había concedido a Inglaterra el control de Guyena, Gascuña y, en general, el suroeste francés, cuyo puerto más importante era...

La Rochela, 1372


Santa María la Real de Nájera. Foto mía.
Ambrosio Bocanegra era otro de esos personajes a los que sus padres habían bautizado pensando en la posteridad. De origen genovés, era marino e hijo de marino y, en 1372, estaba al cargo como Almirante de la flota castellana, puesto en el que más o menos sucedió a su padre Egidio Boccanegra (según se fueron españolizando, los Boccanegra cedieron una de las ces de su apellido). Don Egidio había sido también Almirante de Castilla con Alfonso XI y con su hijo Pedro I, que se ganó el sobrenombre de "el cruel" ajusticiando, entre otros, a don Egidio cuando descubrió que le hacía ojitos a su hermanastro y rival Enrique de Trastámara. Ambrosio habría seguido el mismo camino si no hubiera salido por piernas tras la derrota de los Trastamáridos en Nájera en 1367. Pero igual que la ópera no acaba hasta que canta la gorda, las guerras (más si son entre hermanastros) no acaban hasta que uno de los dos muere. Enrique se rehizo, como hemos contado, y se pasó por la piedra a se deshizo definitivamente de Pedro en Montiel, tras lo que volvió a poner a un Bocanegra, en este caso Ambrosio, como Almirante de Castilla en agosto de 1370.

Lo primero que hizo don Ambrosio una vez nombrado Almirante fue resolver un asuntillo que había con los portugueses, que tenían casi controlada la costa gaditana, habían realizado incursiones en distintas villas costeras y tenían bloqueado el acceso al Guadalquivir, con lo que eso suponía para Sevilla. Según nos cuenta el más reputado y respetado cronista portugués, la marinería de las naves que estaban ejerciendo el bloqueo estaba en un estado manifiestamente mejorable, seriamente afectada por el escorbuto, y cuando la armada castellana se reconstituyó tras la guerra civil, no tuvieron gran cosa que hacer.

"En abono de la retirada, expone un escritor de autoridad, estaban en la flota trabajados y dolientes, tanto que hombres entrados sin barba salieron canos, censurando de paso la política del rey D. Fernando (Nota: Fernando I de Portugal, el Hermoso o el Inconsciente, según para quien), que así gastaba los tesoros sin provecho"
De "La Marina de Castilla" de Cesáreo Fernández Duro bajo la dirección de D. Antonio Cánovas del Castillo. Por cierto, ejemplar digitalizado en... la universidad de Stanford. 

Por cierto, ese cronista se llamaba nada menos que Fernam o Fernão Lopes.

En serio.

Os lo juro.

Fernão Lopes.

Según algunas fuentes "el mejor cronista de cualquier época o nación"

¡Toma ya!

Una vez liberada la costa de la Luz y abierto el paso a Sevilla por el Guadalquivir, el crédito de Bocanegra subió como la espuma.

Mientras tanto, mucho más al norte, el rey de Francia había puesto sitio a la Rochela con la esperanza de que, esta vez si, con el apoyo de Castilla por mar la ciudad caería. El rey inglés (a la sazón Eduardo III Plantagenet) era consciente de la importancia de la plaza y montó un flotón, para la época, comandado por Juan de Hastings, conde de Pembroke, yerno del rey y que ya había luchado del lado de Pedro I en la guerra civil de Castilla. Pembroke salió de Southampton y, aunque no hay referencia creíble de la composición exacta de la flota, sabemos que requisaron las naves necesarias para llevar un cuerpo de ejército y tesoro sficiente para pagar a tres mil soldados durante un año.

La flota castellana iba al mando de don Ambrosio, como sabemos, pero con él navegaban Cabeza de Vaca, Fernando de Peón y Rui Díaz de Rojas y... a partir de aquí hay tantas versiones de lo sucedido que es difícil saber exactamente como fue el asunto. Los cronistas anglófilos tienden a hablar de una ligera superioridad castellana en navíos, pero también hay quien sostiene lo contrario. Asimismo, según a quién hagamos caso, la primera en llegar a La Rochela fue una armada o la otra. Supongamos que los hechos acaecieron así:

Así se queda el puerto de La Flotte, en la Isla de Ré, frente a la Rochela.
Foto mia.
La armada inglesa llegó a la ensenada el 22 de Junio de 1372, antes de que lo hiciera la catellana, compuesta por unas veinte galeras. Nada más llegar, los castellanos hicieron como que peleaban un poco, se quedaron bien a gusto mentando a gritos a las madres de todos y cada uno de los caballeros ingleses para, a continuación, dar media vuelta y alejarse mar adentro. Si Mel Gibson hiciera un pinícula de esto nos mostraría centenares de culos castellanos en la borda de las galeras... Pembroke mantuvo posición, seguro de que Bocanegra se había acollonido ante su flota. Peeeeeeeeero, los que hayáis leído la crónica veraniega de Aquitania recordaréis que en esa zona las mareas son vivísimas, cosa que Bocanegra debía saber y Pembroke no. Las aguas fueron bajando, tanto que las embarcaciones inglesas, de mayor calado, quedaron varadas en la arena, mientras las galeras castellanas podían moverse libremente a su alrededor. Además, por primera vez en la historia (hay quien dice que no fue la primera vez, pero desde luego fue la primera en que resultó tan decisiva), Bocanegra hizo uso de artillería embarcada en sus navíos, batiendo con bombardas a los inmóviles barcos ingleses. El desastre inglés fue total y absoluto: más de cuarenta barcos hundidos o quemados, 800 difuntos y entre 200 y 400 caballeros prisioneros, entre los que estaba el mismo Pembroke. Contrariamente a lo habitual en esa época, una vez producida la rendición de Pembroke se dejó de matar; lo habitual entonces era degollar sin conocimiento hasta que se desafilaran los cuchillos o se acabaran los enemigos... Los prisioneros fueron llevados ante Enrique II en Burgos y posteriormente se entregó a Beltrán Duguesclín al conde de Pembroke pero desgraciadamente se le murió en cautividad y no pudo cobrar el rescate pertienente.

"E el Rey ovo grand placer con estas nuevas, e estovo en Burgos fasta que le enviaron al conde de Peñabroch e a los caballeros que con él fueron presos, los cuales eran setenta caballeros de espuelas doradas, e enviaronle todo el tesoro e fizo por ello muchas mercedes al almirante e a todos los que con él fueran en la dicha batalla de la mar"
Una vez destruida la flota inglesa, la situación de la Rochela era insostenible y "el día de Nuestra Señora de Agosto" la ciudad se entregó al Rey de Francia.

A modo de conclusión


La batalla de la Rochela fue esencial para Francia, pero también para Inglaterra y, sobre todo, para Castilla, que pasó a ser la dominadora absoluta de las aguas del Cantábrico y Canal de la Mancha, lo que supuso el inicio de una fase de control militar y comercial de la zona, lo que, curiosamente, influyó de manera decisiva en que Burgos pasara a ser una de las ciudades comercialmente más importantes de Europa, pero eso nos da para otro capítulo, espero.

La Rochela, como vimos al principio, siguió siendo un puerto de enorme importancia hasta nuestros días. Como dato curioso, fue el puerto de salida (el 1 de mayo de 1402) de la expedición comandada por Jean de Bethencourt que iniciaría la conquista de las Islas Canarias para Castilla. Hoy es una ciudad realmente agradable de visitar y más que interesante. Si alguna vez pasáis cerca, dadle una oportunidad y, desde cualquiera de las dos torres que franquean la entrada al puerto antiguo (la de San Nicolás y la de la Cadena) pensad que desde allí habríais sido espectadores de excepción de una de las batallas más importantes de la historia de Castilla.

En Francia.

Y en el mar.

Puerto antiguo de La Rochela desde la torre de San Nicolás. Foto mía.







viernes, 30 de octubre de 2015

Un Rulo por Aquitania (y II)


Llegada a Nérac

... Nos habíamos quedado visitando el molino fortificado de Barbaste, hasta donde habíamos llegado a pie desde Lavardac. El Molinillo es agradable de ver y justifica el paseo que, a su vez, había contribuido a que me dejaran de temblar las piernas por el susto de la mañana. A la vuelta se pone de nuevo a llover y no nos queda más remedio que parar en un dizquerestaurante y comer algo. Por cierto, el restaurante cargado, pero cargado, cargado de pósteres de toros y motivos taurinos en general. Y no era el primero que veíamos así. Ahora que lo pienso, TODOS los restaurantes y bares de esa zona en los que paramos tenían algún motivo taurino y, en muchos casos, el logo de un tal club taurino Paul Ricard. Adicionalmente, en esos lugares siempre chapurreaban el español y, helado me quedé, se dirigían activa y afectivamente a nosotros en español. Cosas veredes...

Vuelta al barco y más Reina de África hasta Nérac, cuya esclusa pasamos con éxito pero más miedo que vergüenza. Y aquí haremos noche...

Nérac


Amarrados en Nérac
Nérac sí es un pueblo que merece la visita. En realidad, desde que tomamos el Baïse tanto los pueblos, como el paisaje e, incluso, el paisanaje mejoraron sustancialmente lo anterior (el cognazo del canal). Adicionalmente el tiempo comenzaba a aclarar y tenía pinta de que los días venideros iban a ser mejores y, sobre todo, Hércules Cousteau (el Panoly, o sea, el menda) había demostrado en la esclusa de Nérac que el asuntillo de Lavardac había sido un mero incidente por falta de información. El puerto de Nérac consta de una serie de amarraderos en línea y dispone de WiFi y unas duchas en plan camping que no usamos, amén de las habituales conexiones de agua y luz que, gracias a que Hércules Cousteau McGyver había reparado el cable, sí podíamos utilizar.

La entrada navegando en Nérac es tan bonita como el pueblo, la esclusa está justo antes del puente viejo y el puerto está entre éste y el nuevo, unos 200 m más allá. Esta circunstancia hace que tanto lugareños como turistas se aposten en el puente a ver las maniobras escluseras cuando llega un barco. Menos mal... no quiero ni pensar que hubiera sido así en Lavardac, ahora mismo sería el rey de Youtube!

En fin, que aparcamos y nos vamos de paseo por el pueblo. Aparte de la zona del río, hay un par de iglesias interesantes y un pedazo del castillo de Enrique IV (Ojo, no es un peaso de castillo, sino un pedazo DEL castillo. Vamos, que solo queda un trozo) que se deja ver pero, como digo, es de los pueblos por los que se pasea medio a gusto. A eso de las 2000, que ya nos vamos conociendo, empezamos a pensar seriamente en buscar lugar para cenar. Pues... que si quieres arroz. En tres sitios nos dijeron que estaban desolés, pero que no, que acomodar a dos adultos y dos ninios era très dificile y pas possible. Lo del desolé ya me llevaba días tocando las gónadas, porque, vamos a ver: si es evidente que te importa una higa ¿no puedes usar una palabra menos rotunda? Cuando alguno se salte un paso de cebra (cosa harto probable, como os contaré) y me atropelle, ¡no sé qué va a decir! Más que decir, ¡tendrá que hacer! Bueno, mejor que no, no sea que... y (*A).

Nocturnas en Nérac
En fin, que al final compramos unas pizzas en un sitio súpercutre en el que también había carteles de toros y hablaban español y nos las llevamos al barco. Por cierto, que me medio sorprendió que dos personas que vinieron a recoger las suyas mientras esperábamos pagaron con cheques bancarios. Mira, en eso sí son serios los tíos.

De modo que cena familiar tranquilita y después salida de safari (fotográfico) nocturno

A la mañana siguiente (sábado) había mercadillo, así que, a pesar de que el día de navegación iba a ser largo, echamos un rato por allí después de desayunar en la plaza. Las siguientes horas de navegación os las ahorro, salvo que en la esclusa de la muerte me hice un par de fotos. Llegamos a Buzet a tiempo para comer, en esta ocasión en el barco, tras reincorporarnos al canal. Después tiramos hasta Damazan, donde pasaremos la noche. Hace bueno y el día va según lo previsto, así que podemos hacer uso de un cartucho tranquilizador de ninios que tenía guardado y nos acercamos en bici al lago de Damazan, donde hay un camping y un teleski (acuático) subvencionado con fondos europedos ¡tomaya! Alquilamos un rato de "stand up paddle", que no me apetece tener que rascar con una espátula los restos de mi ninio de algún poste del teleski y nos tomamos una cervezuela al solete. Como yo soy algo lento, pero no tonto del todo, y el francés ya lo he ido desoxidando, me atrevo a pedir consejo para cenar al tío del chiringuito y me dice que es 15 de Août y que el único restaurante del pueblo está fermé y los más cercanos están a no menos de 8 o 9 km -inviable para volver de noche por carretera- pero que nos puede hacer unos perritos; no más de 4, eso sí, que no le quedan más salchichas, que desolé. Así que allí nos tienes a las 1945 cenando cuatro perritos y una bolsa de patatas en un lago mirando como una mushasha intenta once (11) veces seguidas arrancar con el teleski y las once cae cual larga es en la rampa de salida. Tenaz era, desde luego. ¡Oiga, otra birra, que esto no hay quien lo pase! De vuelta a Damazan, restaurantes no hay abiertos, pero gente jugando a la petanca hasta bien de noche, si.

Ojo, foto tomada después de ser rechazado
en el Maxim's de Marmande
El domingo es el último día de navegación, y además breve puesto que Le Mas d'Agenais está a solo unos km. Llegamos, hago un atraque en paralelo marcha atrás que lo podría firmar el mismo Vicente Yáñez Pinzón y nos acercamos al pueblo a intentar comer. He dicho bien, "intentar" porque es domingo y está todo cerrado, así que yo trinco la bici y me largo a Marmande a coger el tren que me lleve de vuelta a recoger el coche y dejo a la familia comiendo sobras en el barco. Hasta Marmande tardo unos 45 min, encuentro la estación a la primera, a estas alturas mi francés es como el de Balzac y la cajera de la SNCF me entiende sin esfuerzo y sin poner gestos demasiado raros... la vida me sonríe. Cruzo a un restaurante al que he echado el ojo al pasar, son las 1406 y... lo habéis adivinado, que desolés, que la cocina cierra a las 1400. A quién se le ocurre... En fin, al menos me tomo una cerveza y unas patatas en el bar de la estación. Os ahorraré el resto, pero brevemente diré que el tren se averió algo antes de Moissac y que, por no esperar, me bajé y completé el camino en bici. El coche estaba en su sitio, bien. Mientras montaba de nuevo el portabicis apareció el individuo que comandaba la base de LeBoat. Intentó hacerse el sueco pero le dije que vaya mierda de barco nos habían entregado, y vaya caca de servicio daban (no os he contado ni la mitad de las cosas que no funcionaron). Alucinante la habilidad del hombre para alejarse silbando el puente sobre el rio Kwai. En francés, además. Ni desolé dijo (*A). Yo ya iba con mucho retraso por lo del tren así que pasé de él y volví a reunirme con la Santa y los ninios.

A la mañana siguiente devolvimos el barco en cuanto abrieron y comenzamos la última parte del viaje hacia la Isla de Ré.

Isla de Ré


Ya me habéis oído decir alguna vez que el mar es una cosa muy seria que hay que dejar a los profesionales. Nombela (Toledo) y Urho, cerca del EPIA (en China) deben ser los dos puntos más tranquilicos de España y el Mundo, respectivamente. Desgraciadamente, el resto de mi familia no opina lo mismo y decían que unas vacaciones sin tocar la playa, como que no. Un cliente, y sin embargo amigo, me recomendó un sitio del que no había oído hablar en mi vida y que resulta que ahora está más de moda que los pantaloncicos-braga estos que llevan las mozas (SLURPS! o PuaGGGH!, depende del caso). Yo soy de natural generoso, pero algo vengativo, lo reconozco, así que accedí a tres diítas en la isla, que está relativamente accesible desde Le Mas d'Agenais. Eso si, el recorrido de ese día lo fijé yo... y dimos unas cuantas vueltas por tierra firme antes de acercarnos al infierno de la costa.

Labastide de l'Armagnac
En primer lugar bajamos a Labastide d'Armagnac, un pueblín típico de la zona de Armagnac, como su propio nombre indica, que resultó ser aún más pequeño de lo descrito en la guía (si la guía es Francesa hay que aplicarle a cualquier cosa de Francia un factor de corrección de tamaño de en torno al 25% y otro de interés del 33%) (*A), pero que era interesante y, como llegamos tempranito, lo teníamos para nosotros solos.

De ahí volvimos a apuntar hacia el norte, con la intención de comer en ruta un picnic en algún viñedo Bordelés. Las viandas las compramos en Captieux, otro pueblo plagadito de motivos taurinos. Hasta la panadería estaba llena, bueno, en realidad la mitad de la panadería, la otra mitad estaba llena de parafernalia de rugby. De hecho, hay en Captieux una "Feria de Rugby y Toros" así, en español. Espero que no a la vez, sería digno de ver.

¡Ensayo y olé!
Continuamos en busca de un lugar para el piquenique, siempre por carreteras secundarias. En Burdeos hacen vinos extraordinarios, supongo, nunca he probado un vino de Burdeos de más de unos 30€ y los de menos me han decepcionado supinamente. Ahora bien, hay que reconocerles que tienen unos viñedos alucinantes, preciosos, magníficamente cuidados. Da gusto verlos. Finalmente paramos junto a unas ruinas y unos viñedos.

Y de ahí a Saint-Émilion, que es como el Mont Saint Michel, pero sin mar alrededor, así que mejor. Bueno, el Mont Saint Michel es soportable cuando NO tiene mar alrededor, claro. Aquí tuvimos suerte primero y mala suerte después. El pueblo estaba de bote en bote, tanto que había coches aparcados como a un km de distancia. Cuando ya pensaba en desmontar las bicis y aparcar atpc, justo a la entrada del pueblo se fue un FIAT 500. Meter mi Alltrack con las bicis atrás en ese hueco tuvo cierto mérito, pero de algo tenía que valer el entrenamiento de una semana manejando el Titanic por los canales..

Ahí se acabó nuestra suerte porque no pudimos visitar la iglesia monolítica, que parece ser muy interesante. Estaba hasta la bandera, como el resto del pueblo. Muy bonito y recomendable, a pesar del mogollón.

De ahí a coger el ferry que cruza la Gironda entre le Verdon sur Mer y Royan. Reconozco que pensaba que podríamos ver el faro de Cordouan, pero no, para eso hay que coger un barco específico y no teníamos tiempo. Falta de preparación, impropia del menda. No se repetirá.

Y ya hasta la Isla de Ré, que es una islita superplana de unos 35 km, con playas al sur y salinas al norte, que está plagada de campines, hoteles y carriles bici y que se deja visitar para un par de días. Además, está justo frente a la Rochela, que era un destino al que, casualmente, yo quería ir por mis intereses históricos. Por supuesto, el hecho de que accediera a lo de la isla de Ré no tiene relación alguna con lo de la Rochela, es mera casualidad.

Torre de San Nicolás, en La Rochela
La isla está unida a la Rochela por un puente de peaje. Cuesta 16€ entrar y salir. Los jashondos de los galos dan folletos diciendo que ya no se pagan los antiguos 16€ de peaje por pasar el puente, ahora se paga una tasa ecológica de 16€. Ahí, distinguiendo.

De esta parte sólo diré dos cosas:

1.- La Rochela mola mucho, hay mucho que ver, mucha vida, mucha gente... recomendable

2.- La Isla de Ré también es recomendable. Nos movíamos en bici, la Santa y los ninios negociaban conmigo un determinado tiempo de playa y yo me buscaba un refugio con wifi y cervecita desde donde no se viera el mar o me iba a hacer fotos. Es curioso que a pesar de ser un lugar 99% turístico, el 1% restante sigue a su rollo, con sus viñedos y maizales y tal. 

Sí merece ahora una mención la afición de esta gente a la pugnetera mantequilla. A ver, garçons et filles, que os saliera bien de casualidad lo de echar mantequilla a un cachopan y saliera el cruasán, no quiere decir que vaya a funcionar siempre, ¡no hay por qué bañar en mantequilla el pescado a la plancha, las gambas, los mejillones, las almejas! ¡Hasta la cerveza sabe a mantequilla!

3.- He mentido, voy a decir 3 cosas. Las mareas aquí son kilométricas, si tienes un barquito supongo que estarás al tanto del tema, pero puedes encontrarte que no lo puedes sacar del puerto cuando vayas a por él

4.- Dije 3? van a ser 4. Aparte de las mareas, los atascos también son kilométricos y un momento más para ver cómo son los lugareños. Imaginaos, carretera muy secundaria, pero la principal de la isla; un carril en cada sentido; 1830h, el tráfico de salida de la isla es intensísimo, el de entrada casi nulo. Los de salida forman una línea continua de coches circulando a 20 por hora. En el sentido entrada circula un viejecito con una C15 más vieja que el hilo negro. El viejecito quiere girar a la izquierda para tomar una carreterilla aún más secundaria pero, claro, el tráfico en sentido contrario (recordad, van a 20 o menos) no se lo permite. Me quedé esperando a que alguien frenara y le dejara girar. Si no es porque el tráfico de salida se ralentizó y llegó a parar, aún sigo allí. Cinco minutos de reloj de coches pasando, mirando al viejecito y no dejándole girar. Y eso es así siempre, en la carretera, en bici, en las escaleras, en las puertas... ellos y su ombligo, los primeros (*A).

En fin, resumiendo, que interesante viaje. Lo del barco un rollo patatero, no se repetirá.

Y, como diría Forrest Gump, eso es todo lo que puedo decir sobre este viaje....

...peeeero ¿he oído mencionar La Rochela?¿La misma Rochela de la que partió el U-96 de Das Boot?

¿La misma en la que la armada castellana se cepilló causó ciertas molestias a la inglesa hundiendo todos y cada uno de sus navíos en 1372?

¿La misma en la que se usó, por primera vez en la historia, la artillería embarcada?

¿Esa misma Rochela?

Me da a mi que esa es una "casualidad" que no deberíamos dejar escapar ¿no?

Si es que me las dejan botando...